Con el tiempo, la factura de la paella mejoró tanto que dejó de ser plato del gusto británico para convertirse en excelencia para las personas cuerdas; incluso el Hostal Estela tuvo el acierto o la potra de introducir vinos notables y asaz variados.
En la vigésima edición de la Diputación General del Fetge de Bou, hemos visto confirmado un temor larvado: el equipo del Hostal Estela no tiene ni puta idea de nada. La paella estaba sosa, las raciones hechas sin gracia y con una cicatería asombrosa; el capítulo postres fue una auténtica mierda (¿o nos hemos olvidado ya de la selección de dulces que presentaba el Chato antes de las torrijas?), la coordinación entre moscatel y torrijas y su posterior concatenación con cafés, carajillos y berenjenos no tuvo ritmo . Pero la parte de los vinos, fue lo peor: ¡solo disponía de dos!
¿Les pillamos en un mal día o es que vamos a menos?
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